Producción, diseño y música: la conversación que revela el otro lado del Vive Latino

El Vive Latino abrió la conversación sobre la importancia de la producción en los festivales. Jordi Puig, Daniela Spalla, Ezra Buenrostro Hoogwater y Sandro Arellano Sayas reflexionaron sobre logística, diseño, experiencia artística y el factor humano que sostiene uno de los eventos más importantes de América Latina.

VIVE LATINO 2026

Ad Andrade

2/16/20262 min read

Vive Latino: la producción como columna vertebral del festival

En el marco de una conversación clave sobre la industria musical y los eventos masivos, el Vive Latino puso el foco en aquello que rara vez ocupa los reflectores: la producción. El pódium estuvo integrado por Jordi Puig, creador y director del festival; Daniela Spalla, cantante, compositora e instrumentista; Ezra Buenrostro Hoogwater, arquitecto, director de arte y diseñador de producción; y Sandro Arellano Sayas, gerente de producción de OCESA.

Desde distintas trincheras, los participantes coincidieron en una idea central: un festival no se sostiene únicamente por su cartel, sino por una estructura compleja donde logística, diseño, planeación y factor humano trabajan en sincronía. El Vive Latino, con más de dos décadas de historia, es el resultado de una evolución constante que ha aprendido a operar a gran escala sin perder identidad.

Jordi Puig habló sobre la responsabilidad que implica construir un evento de esta magnitud, donde cada edición exige repensar procesos, mejorar flujos y adaptarse a nuevas realidades. El festival no solo debe funcionar para el público, sino también para artistas, técnicos y equipos que hacen posible la experiencia. En ese sentido, la profesionalización ha sido clave para mantener al Vive Latino vigente y confiable.

Desde la mirada creativa, Ezra Buenrostro Hoogwater abordó la importancia del diseño de producción como un lenguaje silencioso que dialoga con el público. Escenarios, espacios y recorridos no son decisiones estéticas aisladas: influyen directamente en cómo se vive el festival. La arquitectura efímera del Vive Latino busca ser funcional, impactante y coherente con el espíritu del evento, sin entorpecer la experiencia musical.

La voz del artista llegó de la mano de Daniela Spalla, quien compartió cómo una buena producción transforma por completo la vivencia sobre el escenario. Cuando los tiempos, el sonido y la logística están resueltos, el músico puede concentrarse en lo esencial: conectar con el público. Esa confianza, explicó, no es casual, sino fruto de equipos que entienden las necesidades creativas y humanas de quienes se presentan.

Por su parte, Sandro Arellano Sayas detalló los retos operativos detrás de un festival de esta escala. Coordinar cientos de personas, múltiples áreas técnicas y tiempos precisos requiere planificación minuciosa y capacidad de respuesta ante lo inesperado. La producción, lejos de ser invisible, es el sistema nervioso que mantiene todo en movimiento.

Más allá de cifras o infraestructura, la conversación dejó claro que el Vive Latino es también un ecosistema de trabajo y colaboración, con un impacto directo en la industria cultural y en la ciudad que lo alberga. Cada edición genera empleo, activa proveedores locales y reafirma la importancia de los eventos en vivo como espacios de encuentro.

El Vive Latino no solo se escucha: se construye. Y entender lo que ocurre detrás del escenario permite apreciar la magnitud real de un festival que, año con año, sigue apostando por la música como experiencia colectiva.